Clàsicos de EL FANÀTICO: Crònica de un Sueño Imposible en Culiacàn

Este Clàsico de El Fanàtico fue publicado originalmente el 10 de Octubre de 2011. Lo publicamos tal cual se hizo en esa fecha y ocasiòn. Esperamos que te guste. Gracias.

Fila de 300 metros de cuatro en fondo, tráfico atorado por la ineficacia de los oficiales de tránsito, gente en busca de boletos, funcionarios públicos con familias “muy grandes” buscando el acceso fácil que además les dé estilo, y repartidores de pizza sin poder hacer su entrega. Menos mal a nadie de le ocurrió poner a una banda sinaloense a tocar en la entrada, para darle sabor local al evento.

Entrada atestada, única para público y prensa, primer filtro; después había otro menos difícil pero solo salvable con boleto en mano o gafete que justifique. El casi siempre solitario Polideportivo de la Universidad Autónoma de Sinaloa vivía una de sus mejores jornadas. A las siete era la cita, pero como suele pasar, algo falla en la logística y se alarga la espera. Tres tipos luchan por poner en forma uno de los tableros de la duela. La canasta estaba muy abajo, pero alcanzaba para la fantasía. Mejor así se queda, solo la levantaron algunos centímetros.

Al mismo tiempo, muchos llegan y ocupan la zona de prensa, a pesar del listón amarillo que prohibía el paso. Es Culiacán, la tierra sin ley donde cualquiera hace lo que sea, donde el deseo personal está por arriba de las reglas y los derechos de terceros. Menos mal que los de prensa son pocos, pienso, y desisto de estarme fijando es esas incivilidades.

Poco a poco las gradas se comienzan a vestir de rostros, todos felices, todos expectantes, todos deseosos de ver lo nunca visto en la ciudad y sin duda ni siquiera jamás soñado. El panorama era por fortuna el de todo evento masivo en la ciudad: prominencia de la belleza femenina del más alto canon, sello culichi más no de todo Sinaloa; y prisas por todos lados, porque seguimos acostumbrando llegar tarde y con la idea de que nadie comienza sin nosotros.

Cables cruzando el terreno de juego y reporteros por todos lados, más que los medios que se conocen; pequeños con camisetas y jerseys de equipos diversos, incluso los Caballeros; políticos en pasarela con esposa en turno e hijos, buscando los mejores lugares, para eso y más se hace política al fin; Lilly y Fausto,  incansables de lado a lado, de arriba a abajo; reporteros y columnistas departiendo atrás de un tablero, esto me consta como que la luna sale cada noche.

Y cuando el animador, que nos remite involuntariamente a veces al mítico bar El Copeche (no querrán saber de qué se trata, se los aseguro), hace gala de su voz, aparecen rostros que la TV nos ha mostrado haciendo proezas en el aire, arrancando gritos en el escenario y en millones de hogares alrededor del mundo. No, no parece verdad, por momentos creí que eran unos impostores y que sería descubiertos.

Luces que intentan ser fuegos artificiales, mezcladas con fuego de verdad, animan y dan marco a unas adolescentes que por momentos nos recuerdan a otra leyenda urbana, Carrusel de Canal 3. Por fortuna ese primer acto termina pronto y no alcanza a darnos pena ajena. Luego, la voz del animador anuncia a cada uno de los participantes. Era verdad, en ese momento muchos lo entendimos y aunque no sabemos cómo, estaban ahi, en la duela del escenario magno de la UAS.

Comienza el espectáculo, que de eso se trata, la competencia está tratando de ser salvada en Nueva York, en un escenario diferente, con hombres de traje de marca cara. Aquí está la acción, con la idea de mostrarnos que a veces la ley de gravedad puede ser retada y al menos vencida en apariencia.

Diez minutos por periodo, que se van como suspiro porque no hay defensa, solo magia. El tablero truena, las redes se mecen, la duela rechina, las sonrisas se vuelven rostro común para casi cinco mil, incluyendo a los magos y genios que las provocan.  Misión cumplida, cualquiera que haya sido la idea original y el objetivo, una tarde miles de culichis fueron felices y soñaron con una ciudad en paz. Al menos esta vez el dinero público logró el fin último del estado y los gobernantes en la teoría: hacer el bien común y en consecuencia permitir la felicidad a los ciudadanos.

A la mitad del show se hace homenaje a quien dirige el gobierno local, que como es natural recibe, sin baile de por medio por fortuna. Los personajes principales no van a descansar fuera de la vista del público, mejor dedican el tiempo de descanso para bromear entre ellos, dejar que los fanáticos de acerquen y cumplan un sueño. Muchos tendrán hoy esa foto en su perfil de facebook o de twitter. La verdad es que la foto impresa en la cabecera de la cama es cosa del siglo pasado.

El espectáculo sigue adelante, fantasía pura, nada de competencia, pero el público es feliz, aunque el marcador señale algo imposible. En menos de dos horas se acabó el sueño. Miles salen a la calle sonriendo, comentando, haciendo planes…otros, los más viajados, quejándose del nivel del show y de más de algún detalle de desorganización, que en verdad no causo problema alguno.

Reporteros que buscan salir pronto para no exasperar a los mazatlecos, que de diseño entienden pero no de coberturas. Carros en busca de resquicios para escapar del sitio a toda prisa, un rió de personas buscando la avenida más amplia y más cercana. El caos del inicio se repite, pero nadie tiene ansias, el sueño y el deseo se completó y es una meta menos para muchos en la lista de lo que se quiere hacer en la vida.

Maggette, Camby, Love, Nájera, Llamas, Chandler, Barea, Marion y una docena más de apellidos y caras que la TV nos ha mostrado en las competitivas duela de la NBA, habían estado en Culiacán, divirtiéndose sin preocupaciones, que para lo contrario alguien peleaba por sus intereses esa misma noche muy lejos, y haciendo posible el sueño a muchos, que contarán por el resto de sus vidas que esos atletas jugaron una vez en esta ciudad, algo que en el futuro estoy seguro muchos dirán que no fue cierto, por lo imposible que parecía. Dirán que soñamos, que imaginamos. Podrán decir lo que quieran, pero muchos fuimos testigos, la NBA estuvo en Culiacán.

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Clàsicos de EL FANÀTICO: Yankee Stadium, Hasta Siempre

Este texto de publicò el 20 de Septiembre de 2008 y es el primer Clàsico de EL FANÀTICO. Lo puedes leer tal cual apareciò en este blog por primera vez. Gracias.

Thurman Munson abre la parte baja de la cuarta entrada con sencillo al jardín izquierdo; Reggie Jackson se planta en la caja de bateo y, al primer lanzamiento de Burt Hooton, manda la bola por arriba de la barda del jardín derecho. Nueva York se iba al frente 4 por 2.

Parte baja del quinto capitulo, Jackson otra vez al bat; primer lanzamiento de Elías Sosa sobre Mr. Octubre y la pelota vuela otra vez sobre el lado derecho del diamante, llevándose por delante a Willie Randolph. Los Yankees movían la pizarra a su favor por 7 a 3.

Tres outs separaban a Nueva York de su primer campeonato en 15 años, pero tenían que cerrar el octavo episodio del sexto juego de la Serie Mundial, que estaba en ese momento 3 a 2 en su favor ante los Dodgers.

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Reggie Jackson estaba en el plato otra vez, con el bat en las manos; todavía puedo cerrar los ojos y oír a la multitud corear su nombre, sonido entreverado con la narración de los comentaristas de Televisa y la aún más lejana voz de Howard Cosell. Charlie Hough, el nudillero estelar de los Dodgers, lanza, Jackson hace swing y se mete a los libros de marcas al lado de Babe Ruth. La pelota vuela por todo el jardín central y, antes de que cayera, millones de niños y adolescentes ese 18 de Octubre de 1977 nos enamoramos para siempre del beisbol, pero en especial de los Yankees, con ese uniforme a rayas, y convertimos “La Casa que Ruth Construyó” en el destino anhelado, la meca donde habríamos de ir un día para cumplir con nuestra nueva religión.

Abordar en la estación de Herald Square un vagón de la línea D del Metro de Nueva York, nos metió de lleno en la aventura del ir al territorio yankee, más de tres décadas después del momento que nos marcó para siempre. Cientos de personas con camisetas y gorras con la N y la Y entrelazadas nos daba la certeza de que era el camino correcto. Era sólo tiempo y podríamos ver el templo, la tierra prometida. Luego de más de 30 minutos y varias estaciones, casi siempre bajo Manhattan, por fin vimos la señal: 161 Street, Yankee Stadium.

Salir hacia la calle fue como ver pasar un siglo a pesar de que no eran más de 25 escalones, mucha gente y aún faltaban dos horas para el juego, calor sofocante y cuerpos lado a lado. Ninguna queja, todos íbamos a los mismo, a cumplir un ritual antes de que los Steinbrenner destruyan lo que se convirtió en lugar sagrado, para millones en el mundo, a punta de batazos, joyas de pitcheo y jugadas de fantasía. De pronto, el viejo escenario, tan entrañable como un abuelo, estaba en nuestro ojos, su espalda al menos, no la vista de esa entrada principal que tantas veces habíamos visto.

Un tren elevado, una vía de alta velocidad; la nueva y casi terminada estructura de la próxima casa de los Yankees; viejas viviendas y edificios deteriorados; calles que viene de cualquier sitio y desembocan su asfalto en el gigante blanco; bares llenos a reventar y ruidosos en extremo; eran solo parte de la escenografía.

Completaban el cuadro vendedores callejeros; estacionamientos insuficientes; tiendas no oficiales de recuerdos; miles de personas caminando de un lado a otro; revendedores que acosan y hasta producen algo de miedo a la estafa; filas para quién sabe qué; vallas de la famosa Policia de Nueva York; agentes con apellidos como LaPaglia, Pastrana y Bonardello; y la N y la Y, atadas hasta la muerte, por todos lados. Ni sombra de que en ese lugar sagrado alguien profesara otra doctrina que no fuera la de los Yankees de Nueva York.

Darle la vuelta alrededor del estadio que Ruth levantó con sus cuadrangulares y que Gehrig, DiMaggio, Mantle, Maris, Jackson, Munson, Mattingly, Jeter y muchos más apuntalaron, hasta encontrar su parte frontal, esa que vimos en cientos de fotos y que muchas películas aprovecharon como marco ideal para una escena clave, esa fachada que dice en lo alto “Yankee Stadium” y enumera las 26 Serie Mundiales ganadas por el equipo que lo habita desde el 18 de Abril de 1923, fue volver a la infancia y recordar con gusto las eternas tardes de beisbol con los amigos que quizá nunca volveremos a ver; fue escuchar de nuevo por radio las crónicas de Mel Allen en un inglés que nos parecía lengua extraterrestre y que se desvanecía entre ruidos durante minutos, para regresar y darnos la frase que sabíamos distinguir con claridad: “Yankees win another game”.

Este domingo el lugar de peregrinaje recibirá por última vez un juego de los Mulos de Manhattan, los Bombarderos del Bronx, o de forma simple y solemne, los Yankees de Nueva York. Será el adiós de un sitio donde se escribieron historias que se agolpan en la memoria: los cuadrangulares de Babe Ruth; la continuidad y el memorable discurso de despedida de Lou Gehrig; las atrapadas de Tony Lazzeri en la segunda base y de Phil Rizzuto, Tony Kubek y Bucky Dent en el short stop; y las de Graig Nettles en la tercera base; los hits productores de triunfos y emociones de Joe DiMaggio; el juego perfecto en Serie Mundial de Don Larsen; las victorias de Whitey Ford, Lefty Gomez, Jim Hunter, Ron Guidry, Roger Clemens, Mike Mussina y Andy Pettitte, entre decenas más de lanzadores y jugadores históricos.

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Atrás van a quedar las frases y el juego intenso de Yogi Berra; el cuadrangular de Chris Chambliss en el quinto juego de la serie final de la Liga Americana de 1976; los tres batazos para la calle de Reggie Jackson en el sexto duelo de la Serie Mundial de 1977; la cabalgata de Wade Boggs; los duelos de los Yankees con Kansas City en los 70 y desde siempre con Boston; los hits de Derek Jeter y Alex Rodríguez…

En la casa que Ruth construyó y los Steinbrenner van a destruir, también se jugó el partido más grande en la historia de la NFL y Joe Louis peleo 12 veces; ahí Rocky Marciano defendió su corona, Mohammad Alí enfrentó a Ken Norton y Sugar Ray Robinson perdió su título; también en ese recinto tres Papas católicos fueron escuchados por miles y Billy Joel, el rockero más neoyorkino que ha existido, dio algunos de sus conciertos más memorables.

El ritual no sería completo sin entrar al templo, pero la mente traiciona y cualquier cifra se convierte a la moneda que entra a la bolsa con el esfuerzo del trabajo. ¿125? ¡150! ¿200 por 2? Olvídalo, es una vez en la vida y el nuevo estadio nunca será lo mismo, no se va tan lejos para detenerse casi en la entrada del lugar sagrado porque una revolución hecha hace casi un siglo no sirvió para nada y menos porque la economía en tu país es demagogia pura.

Los dólares cambian de mano en menos de un par de segundos, pero el largo viaje iniciado casi 31 años atrás estaba completo y era un objetivo menos en la vida y un enorme motivo más para seguir adelante.

DATOS EXTRA:

Inauguración: Abril 18 de 1923
Primer Juego: Nueva York 4, Boston 1
Primer Homerun: Babe Ruth, Right Fielder de Nueva York.
Primer Hit: George Burns, Primera Base de Boston.
Otras ligas de beisbol que se jugaron en Yankee Stadium: Ligas Negras, Varias Temporadas.
Otros Deportes: Futbol Americano(NFL), Boxeo(Varias peleas de campeonato).
Papas católicos que ahí estuvieron: Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Mas Homeruns: Mantle, 266
Mas Homeruns de un rival: Goose Goslin, 32
Asistencia Total hasta 2007: 157 millones 548 mil 086 aficionados.
Temporadas en Receso: 2, 1974 y 75(Yankees jugó en el Shea Stadium de los Mets).

NOTA DEL EDITOR: Las fotos son originales de Gerardo Osornio(ver 6ta foto, de arriba hacia abajo), excepto las de Reggie Jackson y el interior del estadio. La primero por ser de hace 30 años y la segunda porque la cámara se le rajó al fotógrafo ya dentro del estadio. Haz click en cada foto para verlas en tamaño mayor.

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